Pedro Silva Costa (supervisor de agricultura familiar de Agropalma), José Maria Pompeu Leão (productor rural y líder comunitario), Raquel Costa (analista de proyectos de Earthworm Foundation Brasil) y Marcus Vinicius Braga (analista de sostenibilidad de Agropalma)
Desde hace más de 40 años, Agropalma, empresa brasileña reconocida mundialmente por su producción sostenible de aceite de palma, mantiene una extensa hacienda en Tailândia (PA), a unos 200 kilómetros de Belém, una de las regiones más vulnerables de la Amazonía de Pará.
Alrededor de la propiedad se ubican decenas de aldeas, entre ellas asentamientos, núcleos rurales y comunidades tradicionales. Todas comparten un rasgo en común: un historial de vulnerabilidad marcado por el acceso limitado a ingresos, infraestructura básica y oportunidades de capacitación.
Según el IBGE, casi la mitad de los habitantes de la región vive con hasta medio salario mínimo; solo el 5% de los hogares cuenta con red de alcantarillado y la tasa de escolaridad está entre las más bajas del país.
Estas poblaciones son el foco del programa SOMAR, una iniciativa de responsabilidad socioambiental promovida por Agropalma, que viene transformando la realidad de la región al llevar desarrollo humano, generación de ingresos y empoderamiento comunitario.
A punto de cumplir tres años, el programa ya ha impactado positivamente a más de 10 mil personas. Consolida prácticas que la empresa desarrollaba desde hace más de dos décadas, ahora con una metodología estructurada y el acompañamiento técnico de la organización global Earthworm Foundation.
Construyendo soluciones con quien vive el territorio
“El programa surgió de un movimiento interno para mejorar nuestra relación con las comunidades vecinas”, explica Túlio Dias Brito, director de sostenibilidad de Agropalma. “Identificamos liderazgos locales, abrimos el diálogo con la población y empezamos a construir juntos soluciones para desafíos comunes.”
Desde entonces, SOMAR funciona como un canal permanente de escucha y colaboración con más de 30 comunidades cercanas a las operaciones de la empresa, ubicadas en los municipios de Tailândia, Moju, Acará y Tomé-Açú. Son 34 comunidades este año y, en 2026, se integrarán otras cuatro.
“SOMAR no es asistencialista”, destaca Mônica Bernardo Neves, gerente de sostenibilidad de la empresa. “Es una alianza de largo plazo. La empresa apoya y orienta, pero las comunidades tienen un papel activo en su propio desarrollo”, agrega.
El programa tiene cuatro ejes de acción —educación, infraestructura, medio ambiente y salud y bienestar— y las prioridades dentro de cada uno se definen a partir de mapeos participativos realizados junto a cada comunidad. “Después de identificar las demandas y prioridades, desarrollamos las acciones durante el año y, al final, nos reunimos nuevamente para evaluar los resultados”, explica Neves.
“SOMAR no es asistencialista. Es una alianza de largo plazo. Las comunidades tienen un papel activo en su propio desarrollo.” Mônica Bernardo Neves, gerente de sostenibilidad de Agropalma
Educación y cultura: el inicio de un nuevo ciclo
En el ámbito educativo, SOMAR ofrece cursos técnicos, de formación profesional y de desarrollo personal, que ya han beneficiado a cientos de residentes. Desde 2023 se han impartido capacitaciones en gestión financiera, procesamiento de frutas, empoderamiento femenino, además de cursos en alianza con el SENAI en áreas como mecánica y electricidad.
En uno de los grupos formados, 51 mujeres concluyeron cursos orientados a la autonomía financiera, y muchas ya están aplicando lo aprendido en pequeños negocios locales. “Estas acciones muestran que es posible crear un círculo virtuoso de desarrollo”, destaca Brito.
SOMAR también promueve charlas sobre salud, actividad física, buenas prácticas de producción y cultivo, entre otros temas, además de iniciativas culturales que combinan aprendizaje y recreación. Tal es el caso del Proyecto (Re)ciclo de Cine, con 600 niños y jóvenes, y del Cine Agropalma, que reunió a más de 2 mil personas, muchas de ellas en su primer contacto con el cine.
Otro punto destacado es el apoyo a la agricultura familiar de palma, que conecta a pequeños productores con la cadena de suministro de Agropalma. Se trata de un trabajo pionero de la empresa que comenzó hace 23 años y hoy beneficia a más de 300 agricultores asociados. Actualmente, una cuarta parte de la materia prima agrícola de la compañía proviene de productores familiares, quienes reciben asistencia técnica y tienen la compra garantizada.
Paralelamente, en estos tres años la compañía también fortaleció la economía local mediante contrataciones realizadas directamente en las comunidades atendidas por la iniciativa. Han sido más de 400, uno de los resultados más significativos del programa hasta ahora, según Neves.
Infraestructura y ciudadanía: pequeñas conquistas que cambian la rutina
Las acciones de SOMAR también se concretan en mejoras reales de infraestructura y calidad de vida. En conjunto con autoridades locales, el mantenimiento de caminos, por ejemplo, benefició a cerca de mil personas, mientras que una reciente donación de tanques de agua atendió a más de 1.300 habitantes en áreas sin red de agua potable.
Otro ejemplo —previo a SOMAR, pero que ilustra bien el espíritu del programa— es el acceso a servicios bancarios: el diálogo promovido por la empresa con un banco de gran porte permitió la instalación de un cajero automático en una de las comunidades, reduciendo los largos desplazamientos hacia la ciudad y promoviendo la inclusión financiera.
“El cajero más cercano estaba a 70 kilómetros, en la ciudad. Las personas iban al banco solo una vez al mes, casi todas durante el fin de semana de pago, y enfrentaban largas filas, además de tener que retirar todo el salario de una sola vez”, explica Brito.
“Con el cajero, la comunidad pasó a tener conectividad, la gente empezó a usar tarjetas de débito y a organizar mejor su dinero. Eso también es desarrollo”, añade.
“Invertir en sostenibilidad también es invertir en la longevidad del negocio.” Túlio Dias Brito, director de Sostenibilidad de Agropalma
Medio ambiente: la sostenibilidad como valor
El compromiso ambiental es un pilar de Agropalma y orienta tanto las acciones sociales como los procesos productivos. En SOMAR, una de las líneas de trabajo es la inversión en educación ambiental, con especialistas que imparten charlas en las escuelas de las comunidades sobre reciclaje, conservación de bosques, agua, energía y la importancia de la biodiversidad.
En el negocio, dentro de un sector históricamente polémico por la asociación del cultivo de palma con prácticas ambientales dañinas en otros países, la empresa busca demostrar que es posible actuar de manera diferente. Para ello, adopta el concepto NDPE (No Deforestation, No Peat, No Exploitation), que en español significa “sin deforestación, sin uso de suelos de turba (que liberan muchos más gases de efecto invernadero durante el proceso de plantación) y sin explotación”.
Desde 2001, la compañía no solo prohibió la deforestación, sino que mantiene un amplio programa de conservación y monitoreo de la biodiversidad, con 64 mil hectáreas de bosque nativo. Además, garantiza que no planta en suelos de turba y que cumple rigurosamente la legislación laboral, con auditorías externas y alianzas que aseguran condiciones formales y seguras de trabajo.
“Invertir en sostenibilidad también es invertir en la longevidad del negocio”, refuerza el director. “La reputación sostenible nos habilita a operar en mercados más exigentes y agrega valor a la empresa. Muchas veces es difícil medirlo, pero el valor generado es enorme”, afirma.
No a la deforestación: de las 107 mil hectáreas de tierras de Agropalma en Pará, 64 mil son reserva forestal, lo que corresponde al 60% de su área total (Agropalma/Divulgación)
Con la 30ª Conferencia del Clima de la ONU programada para Belém, Agropalma tendrá la oportunidad de mostrar al mundo su ejemplo con SOMAR, sobre cómo la producción de aceite de palma puede ser un vector de desarrollo humano, económico y ambiental, una tríada que dialoga directamente con los pilares de la COP30.
“Belém es nuestro hogar desde 1997”, destaca Túlio Dias Brito. “Para nosotros, es motivo de orgullo albergar un evento tan importante. Queremos demostrar que somos parte de la solución, y no del problema climático”, afirma.
Fuente: Exame Online (27/10/25)






